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Conocerse a sí mismo en el amor incondicional

Conocerse a sí mismo en el amor incondicional

El amor incondicional es una de las expresiones más nobles de la naturaleza humana. Fuera del caos y el ego, rompemos las cadenas que atan los corazones humanos y nos ciegan ante una realidad que la prisa de la vida no nos permite ver. Conoce la historia de los bebés koala.

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Desde hace unos meses cada semana voy al hospital a la unidad de cuidados intensivos neonatales. Mi actividad es muy simple: cargar bebés.

Pero más allá de la acción de cargarlos, hay una misión importante: transmitirles amor y brindarles un contacto humano cálido. Aunque los médicos y enfermeras son humanos y cariñosos, sus labores no les permiten fraternizar con los bebés más allá de su labor profesional.

Cada niño es una historia esperando ser contada

Cuando los bebés llegan a mis brazos, me susurran en silencio la carga con la que nacieron sin pedirlo o merecerlo. Están ahí por alguna de estas razones: Son prematuros, están enfermos, y/o son bebés “koala”.

Un bebé “koala” es el nombre que se utiliza para los bebés que nacen adictos ya que sus madres consumieron alguna droga durante el embarazo. Por lo general, los bebés “koala” son prematuros y algunos presentan otros problemas de salud y viven con el síndrome de abstinencia.

Por tanto, son bebés particularmente irritables. En momentos, incluso el tacto les es molesto. No necesitan hablar, con su llanto, con sus gestos, pueden expresar que están molestos en su propia piel.

Estar con ellos para mí es un regalo, sentir la energía de cada uno de ellos me brinda momentos mágicos. El tiempo verdaderamente se detiene y más que detenerse, el tiempo no importa.

Afuera se quedan las prisas, las noticias, lo mundano. Es conectarme a pequeños guerreros que a su corta edad ya tienen una historia que contar. Historias de abuso, de rechazo, de tristeza, pero también de una gran resiliencia, de un amor a una misión por cumplir, de la lucha por permanecer a pesar y sobre el dolor.

Cada uno me transmite parte de su historia. En el silencio se percibe lo que en palabras sería difícil de expresar. Y yo lo que siento es un profundo respeto, una admiración por ese ser que ha llegado con su historia a darnos lecciones.

Cuando los tengo en mis brazos, mi más profundo deseo es que la historia que están haciendo de sus vidas sea en base a decisiones asertivas, porque sí, es verdad, cada niño trae su propia historia, ellos en particular con una historia fuerte y dura de pesar, pero también tienen un futuro por forjar.

Es curioso, pero para mi, ir a hacer esta labor ha resultado ser un ejercicio de apego y desapego.

Mientras estoy cargándolos y sintiéndolos, me vinculo. Pero al salir de ahí me despedido, sabiendo que ellos han dejado algo en mi y yo en ellos, y que quizá nos volveremos a encontrar, pero si no es así, nuestro intercambio por esas horas o días ya les ha demostrado la capacidad de ser amados que tienen, y a mi la gran lección de resiliencia, de vivir sin tiempo y la lección de que el silencio también es amor.

Empecemos a construir nuestra historia desde lo que hay, bueno o no tan bueno. La resiliencia se forma desde el vientre.

Todos, verdaderamente somos uno interpretando roles diferentes en la vida.

Nunca olvides que cada día es una oportunidad para renacer.

Es tiempo de reflexionar: ¿Cómo renaces tú? ¿En qué has sido resiliente?

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