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Recibir es una bendición. Y tú, ¿qué haces con lo que recibes?

Recibir es una bendición. Y tú, ¿qué haces con lo que recibes?

El alma humana está diseñada para recibir, como lo hace una vasija, y está en ella decidir qué hace con lo que recibe.

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Una vasija es un  contenedor que está diseñado para recibir dentro de sí mismo lo que le es entregado.

La luz infinita emana directamente desde la divinidad, y desde ahí se vierte en las vasijas (almas) deseosas de recibir esta brillante luz, misma que se encuentra  disponible en forma ilimitada para todas; sin embargo, no todas las vasijas (almas) tienen el mismo deseo respecto a la luz recibida, dividiéndose inicialmente en dos grandes grupos:

1.- Deseo de recibir exclusivamente para mí (A esto se le llama el pan de la vergüenza).

2.- Deseo de recibir para aprender y compartir entre los demás lo que estoy recibiendo.

Exploremos brevemente qué pasa en estas dos opciones.

Deseo de recibir exclusivamente para mí

Cuando mi deseo de recibir es exclusivamente para mí, puede estar bien en un principio; sin embargo, como toda vasija (física) va llegar un punto donde quede llena, y por lo tanto me vuelvo incapaz de recibir más por falta de espacio, perdiendo por lo tanto la oportunidad de obtener algo nuevo: dones, información, bendiciones, oportunidades. Asimismo, debo preguntarme ¿Qué estoy haciendo con lo que he recibido? ¿Qué uso le estoy dando? De lo contrario, no importa que tan maravilloso y valioso sea el contenido de esa vasija, lo que no fluye y permanece estancado, se descompone y deja de servir para el propósito para el que fue diseñado y entregado, se pudre y se vuelve estéril e improductivo.

Deseo de recibir para aprender y compartir entre los demás lo que estoy recibiendo

Por otro lado, cuando mi deseo de recibir es para aprender y compartir con los demás, la vasija se renueva constantemente de un flujo de luz, proveniente directamente de la divinidad y/o a través de otras vasijas que entendieron el concepto y la magia de recibir y compartir. La cantidad de luz que llega de esta manera es ilimitada, ya que al compartir, no solo estamos contribuyendo a que la luz se distribuya ampliamente entre todos, sino que simultáneamente, hacemos espacio para seguir recibiendo de manera ilimitada nuevo material para nuestro desarrollo y crecimiento, en un ciclo virtuoso e interminable de dar y recibir.


Cuando estamos involucrados en este mecanismo estamos reconociendo la presencia divina en todas partes, y somos coadyuvantes con el flujo infinito de luz donde el dar y recibir no tiene un orden preestablecido ya que se manifiesta simultáneamente en múltiples vías.

Reflexionemos en este concepto, y hagamos de esta práctica nuestra forma de vida, disfrutando conscientemente el privilegio de este intercambio y flujo de luz, de tal modo que cuando se nos pregunte: ¿Qué hiciste con los talentos que recibiste?, podamos contestar: Los devuelvo multiplicados.


3 comments

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3 Comments

  • Gloria Navarro
    17 octubre, 2016, 9:46 pm

    Gerardo de todos los artículos vistos en esta maravillosa página ,este artículo en especial fue de mis preferidos , muchas gracias por compartir , espero que este articulo llegue y sirva a muchos.

    REPLY
  • Laura Ibarra
    15 octubre, 2016, 11:34 pm

    Excelente articulo que todos debemos entender … Gracias Gerardo por compartir, lo comparto con gusto y espero que sirva a los demas .

    REPLY
  • Lulú Tamez
    12 octubre, 2016, 3:44 am

    Que hermosa reflexión, ahora a "vaciarnos" amorosamente para poder recibir. Mil bendiciones.

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