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Nuestra relación con la comida

Nuestra relación con la comida

Podemos consumir la más nutrida de las comidas, pero si no estamos relajados, disfrutando de cada bocado, la ecuación para poder digerir esos nutrientes estará incompleta.

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La semana pasada tuve la oportunidad de convivir con una amiga y me contaba que está pasando por momentos de tensión en su vida, que ha subido de peso y siente que no puede retomar sus hábitos de alimentación.

Estando con ella y observándole comer, he podido ver la velocidad con la que come sin pausar e identificar que en realidad, no es que no sepa que comer o que no comer, veo que en su caso va más allá de tener fuerza de voluntad y ajustarse nuevamente a la alimentación que sabe que le ha hecho sentirse bien.

Y es que, es frecuente que al empezar una dieta o tener la intención de llevar un estilo de vida saludable, fracasemos en el intento. ¿Somos seres humanos carentes de fuerza de voluntad? ¿necesitamos motivación constante para poder lograr nuestra meta? Finalmente nos estresamos por no poder bajar de peso y nos culpamos cayendo en un círculo vicioso.

Los juicios que hacemos al sentirnos culpables son fuente de un poderoso estrés dañino para nuestro proceso digestivo.

Cuando vivimos en estrés constante se produce un bloqueo digestivo. El cuerpo, en su sabiduría de priorizar, gasta la energía en enviar cortisol y adrenalina al torrente sanguíneo. La presión arterial y la frecuencia cardiaca aumentan y los procesos digestivos pasan a un segundo plano.

Podemos consumir la más nutrida de las comidas, pero si no estamos relajados, disfrutando de cada bocado, la ecuación para poder digerir esos nutrientes estará incompleta.

La velocidad con la que comemos tiene estrecha relación con nuestra vida

Esa prisa por resolver, de querer terminar de una vez lo empezado, se refleja en un inconsciente ansia por acabar con un solo bocado, con la fuente de tensión en nuestra vida.

Hoy en día, vivimos un estrés constante. Pero hay un camino para poder comer de forma relajada, de tal manera, que podamos verdaderamente absorber los nutrientes necesarios y digerir adecuadamente: la respiración consciente.

Respirar profunda y rítmicamente mientras comemos, equivale a comer más despacio, a procesar y digerir al ritmo adecuado.

Al comer más lentamente podemos realmente preguntarnos, ¿para qué estamos comiendo? ¿estamos llenando vacíos en nuestra vida? ¿estamos comiendo para acallar emociones?


Nuestra relación con la comida es nuestra gran maestra, si ponemos atención podremos digerir los mensajes que tiene para nuestra vida, y al escucharlos, no se verá únicamente reflejado en nuestro peso, sino en todos los ámbitos de nuestra vida.


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