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A tiempo de no postergar

A tiempo de no postergar

¿Soy de los que comienzan el reporte mensual un día antes del final del mes?, ¿quien prefiere una buena película a media noche aunque tenga que despertar antes de las 6 a.m.?, ¿o quien decide ir a pedir ayuda psicológica sólo en una situación de crisis? Estos actos de postergar “hacer las cosas” es lo que se conoce como procrastinar y el tiempo es la palabra clave en esto.

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Cuando estos actos son en forma continua, un acto postergado afecta al siguiente. Una tarde vas camino del trabajo a la casa con mucho sueño en medio de un tráfico lento y el reloj parece ir más de prisa. Al llegar decides relajarte viendo televisión y no te quieres ir a la cama  porque un capítulo de tu serie te llevó a otro, así que atrasas tu hora de dormir, pero el reloj sigue corriendo. Por fin el sueño te vence y a las 6:00 a.m. suena el despertador y en lugar de desayunar dices “15 minutos más”, así que una vez más te vas a trabajar con el estómago vacío y el reloj te dice que ya vas tarde. Y como ya no vas a llegar a tiempo, decides “me detengo a comprar un café, que al cabo son 10 minutos, 10  minutitos menos”, y el reloj se acelera tanto que los 10 minutos se hicieron 20.

El día de trabajo está lleno de pendientes y piensas que debes tomar un break y para terminar el día sigues con pendientes que puedes resolver al final de la semana.

Un acto donde atrasamos el inicio de una tarea pendiente por si solo es procrastinar, pero cuando ese acto afecta al siguiente como efecto dominó estamos hablando ya de un hábito procrastinador, donde postergo desde actividades ineludibles de responsabilidades cotidianas como entregar un informe mensual en el trabajo hasta necesidades básicas para la sobrevivencia del ser humano, como dormir.

En muchos casos, personas con estas prácticas manifiestan al final del día, del mes, o al final del año, que nunca tienen tiempo para descansar o ir al gimnasio o visitar a la familia, que el tiempo los consume.

Siempre estamos a tiempo, el daño no es irreversible. Te recomiendo ir paso a paso, estableciendo límites en tus actos postergados: comienza por tus necesidades fisiológicas como descansar y comer saludablemente y tus necesidades socio-emocionales como tener tiempo destinado a la pareja y la familia. Es tiempo de no postergar.


Regálate el tiempo para leer estas recomendaciones para dejar de postergar tus tareas:

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