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¿Qué pasa entre una vida y otra?

¿Qué pasa entre una vida y otra?

Después de perder a un ser querido, es común que nos preguntemos qué pasa con el alma de la persona amada. Conoce el viaje que las almas que parten hacen para regresar a la fuente divina.

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Más allá de lo que vemos y sentimos, nuestro verdadero ser se mantiene elevado en dimensiones superiores de luz. Hablamos de nuestro espíritu, que es un ser energético emanado por la fuente creadora con el objetivo único de expandirse a través del autoconocimiento.

Para poder generar el autoconocimiento, del espíritu se desprenden “pequeñas porciones de energía” que habrán de depositarse en cuerpos humanos en diferentes tiempos, para recoger experiencias a través de la vida terrenal. Es decir, a través de múltiples encarnaciones, nuestro espíritu recibe el resultado del aprendizaje terrenal que lo ayudarán a expandirse. Esa pequeña porción de energía que tu cuerpo físico hoy alberga es el alma.

Cuando el cuerpo físico deja de funcionar, el alma se desprende para iniciar su viaje de retorno al mundo divino. En ese momento, el ángel guardián de la persona se presenta para custodiar su alma y los seres de luz de transición se manifiestan para guiarlo en el camino de regreso.

En el instante de transición, el alma está liberada de los limites del tiempo y del espacio, a partir de ese momento, todo se ve, se piensa y se siente simultáneamente. Todos los recuerdos y aprendizajes de la vida se unifican y dejan de ser conceptos sueltos de diferentes momentos para convertirse en una consciencia que atesora la sabiduría generada con las experiencias acumuladas.

Los seres de luz de transición guían y el ángel guardián protege

Para el alma que parte, todo es simultáneo, es un solo instante. Pero ese proceso de retorno a la luz, para las personas que siguen encarnadas puede representar dos años de tiempo terrenal aproximadamente.

Por tanto, hasta dos años después de la partida de un ser querido, puede haber manifestaciones que son consideradas normales: su aroma, su presencia, su voz, el sonido provocado por alguna actividad rutinaria de la persona fallecida o incluso, su imagen o reflejo.

Durante este tiempo podemos recibir o enviar mensajes, aunque nosotros los percibimos en nuestra línea de tiempo, para ellos, reitero, es un hecho simultáneo.

A medida que el tiempo pasa, las manifestaciones del alma comenzarán a disminuir, terminarán cuando su proceso de transición sea completado. Termina la transición y continúa el proceso evolutivo del alma.

Durante este proceso el alma de la persona se presentará ante los Señores del Karma, quienes revisarán el cumplimiento de las lecciones de vida que se debieron aprender durante la encarnación. Las lecciones pendientes se unirán a otras lecciones que se deberán aprender, para vivirlas en una encarnación posterior.

El alma de la persona regresará al espíritu y una nueva porción (alma) será encarnada en otro cuerpo en un tiempo futuro que sea propicio para los nuevos aprendizajes.

Cuando la transición se detiene

A los seres humanos, se nos dio potestad de libertad de elección. Cuando transcendemos y nuestra alma abandona el cuerpo, seguimos teniendo libre albedrío. Hay personas que dominados por su apego al mundo terrenal, seres queridos o situaciones no resueltas, deciden no partir. Los seres de transición y su ángel guardián respetan su decisión y su alma se queda vagando entre los vivos. Ellos son los desencarnados o fantasmas.

Careciendo de un cuerpo físico, regresan a la línea de tiempo y espacio, ambiente que no es adecuado para ellos. Por tanto, los desencarnados comienzan a sufrir una especie de “desnutrición energética”. Algunas de las fuentes de alimentación de energía del ser humano están ancladas al cuerpo físico, por lo que solo les queda la opción de alimentarse de la energía del entorno donde deambulan.

Es por eso, que en los hogares donde hay presencia de desencarnados, las personas se sienten cansadas con frecuencia, las plantas se secan, se presentan variaciones de voltaje, las baterías de aparatos electrónicos se descargan rápidamente y los electrodomésticos fallan con regularidad.

Sin importar que el alma errante sea de una buena persona o un ser querido, este proceso de degradación se dará. Con el paso del tiempo irán perdiendo fragmentos de las experiencias de vida que habían acumulado y en algún momento dejarán de reconocer los lugares habituales y personas importantes. Ante su desconcierto, se sentirán extraviados, asustados y eso provoca que en la mayoría de los casos se vuelvan agresivos.

Conforme pase el tiempo, seguirán perdiendo fragmentos de las vivencias que en su vida acumularon y poco a poco, se reducirán al grado de convertirse en una energía más que se unirá al universo. Toda la experiencia que ese ser humano acumuló durante su encarnación, se perderá en la nada.

Es importante aprender la lección del desapego. Dejar ir cuando alguien parte y a dejar atrás cuando nos toca partir.

Cuando un ser querido parte, duele. Aún conociendo el milagro de la existencia más allá de la vida terrenal, en nuestra humanidad, el dolor de perder a alguien que amas, es intenso. Pero el amor incondicional y el respeto por la senda de trascendencia del alma, debe ser más fuerte.

Libera, deja ir y vive con plenitud. De igual forma, te puedo asegurar, en futuras encarnaciones nos volveremos a encontrar.

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