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Día de muertos: La celebración de la vida

Día de muertos: La celebración de la vida

La conmemoración del Día de Muertos, es para recordar a quienes terminaron su viaje por la vida terrena. Conoce su historia, magia y tradición en diferentes culturas.

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La celebración del Día de Muertos, ha sido conmemorada por diferentes culturas a lo largo del tiempo. Basados en su sistema de creencias, se establecieron costumbres y rituales que han trascendido el tiempo y las fronteras. Algunas costumbres prevalecen y otras se han adaptado a los lugares a los que viajaron gracias a la migración humana.

El Día de Muertos en Europa

La cultura Celta abarcaba las islas Británicas, Escandinava y Europa Occidental. Evidencias históricas, no dicen que celebraban a los muertos desde hace más de 2,000 años. Esta celebración se llama Samhain, que se celebra la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre.

Samhain es la celebración de la tercera cosecha del año, el final y principio del año celta. Es por esa razón que se le relaciona con la muerte. Al finalizar el año, una etapa queda a atrás y una nueva está por venir.

Esta festividad incluye honrar a los ancestros, siendo una buena oportunidad para cerrar ciclos, dejar ir el pasado, desapegarse de lo que se fue y dar la bienvenida a lo que llegará.

Durante la noche de Samhain, los muertos regresaban para caminar en la tierra y los malos espíritus vagaban con la intensión de poseer a los cuerpos de los vivos. Para pasar desapercibidos a los malos espíritus, no se encendía el fuego en las viviendas y se usaba vestimenta negra. Además se les distraía para que no entraran a los hogares dejando comida fuera de la casa. 

Más tarde, con la llegada del cristianismo a los territorios Celtas, se destruyeron los templos, monumentos, vestigios de la cultura y demonizaron sus creencias y festividades. De esta manera aseguraron el dominio político y social de las más profundas zonas de Europa.

Bajo una era de sometimiento de los pueblos paganos, Samhain, se convirtió en “All Hallows Eve” o “Día de Todos los Santos”

En el folklore irlandés existe la leyenda de Jack, un tacaño, flojo y astuto granjero que usó una cruz para atrapar al Diablo.

Jack era tan parrandero, mal portado y jugador, que un día el Diablo se manifestó ante él para llevarlo al infierno. Sin embrago, Jack lo engañó haciéndole subir a un manzano y luego, talló una cruz en el tronco, para que el Diablo no pudiera bajar. Entonces, Jack hizo un trato con el Diablo, lo dejaría bajar si prometía no llevarse su alma y el Diablo, accedió.

Después de un tiempo Jack muere. Su vida había sido demasiado pecaminosa, para entrar al Cielo; no obstante, el Diablo había prometido no llevarse su alma, así que quedó también fuera del infierno. En ese momento Jack no tenía a donde ir. Se preguntó cómo podría ver hacia dónde se dirigía, si ya que no tenía luz alguna, el Diablo le arrojó, a modo de burla, una brasa del infierno. Jack ahuecó un nabo, puso la brasa en su interior y comenzó a vagar eternamente y sin rumbo por todo el mundo para encontrar un lugar donde finalmente descansar.

Así nació, el farol de Jack, que en Irlanda y Escocia era un nabo tallado con la supuesta cara tenebrosa de Jack, que solían colocar en las ventanas para ahuyentar al diablo y a todo espíritu maligno de sus hogares.

Con la migración de los irlandeses al continente americano, “All Hallows Eve” se convirtió en “Halloween”, el nabo de la linterna en calabaza y los alimentos que se dejaba fuera de casa en dulces y golosinas. Los espíritus malignos fueron sustituidos por niños disfrazados, que en lugar de comida, ahora piden los dulces para no molestar los habitantes del hogar con la frase popular: “dulce o travesura”.

El Día de Muertos en México

Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México, se remonta a hace al menos 3,000 años y tiene origen en las tradiciones Aztecas.

A diferencia de la festividad Católica, que define el lugar al que irán los muertos, por su comportamiento en la vida, los Aztecas iban a diferentes lugares según la forma en que habían muerto. Tlalocan (paraíso del Dios de la Lluvia) para los ahogados, Omeyacan (paraíso del sol) para los que morían en combate o mujeres en el parto, Chichihuacuauhco para los niños y Mictlán para los que morían de forma natural.

Los rituales que celebran las vidas de los ancestros, se realizaban durante todo el mes de agosto, noveno mes del calendario solar Azteca.

En la era prehispánica era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.

Con la llegada de los conquistadores españoles a nuestro continente, la celebración fue movida a principios de noviembre para hacerlas coincidir con la festividad católica del “Día de todos los Santos”.  Y fue entonces que las festividades paganas europeas, adaptadas por los cristianos, se fusionaron con las tradiciones indígenas de nuestro continente.

La tradición dice que los muertos llegan del 28 de octubre al  2 de noviembre, cada 12 horas.

El 28 de octubre se recibe a los que murieron por accidente, de forma repentina o violenta. El 29 a los ahogados. El 30 los que no tienen familia que los recuerde, el 31 a los que están en el limbo, los niños que nunca nacieron. El 1 de noviembre a los niños y el 2 de noviembre a los muertos adultos.

Símbolos tradicionales, como las calaveras de azúcar y el pan de muerto; acompañan a fotografías de los fallecidos, artículos que fueron de ellos, alimentos, bebidas y objetos que disfrutaron en vida en un altar al que se le denomina altar de muertos. Los altares varían sus diseños dependiendo de la región, pero conservan siempre el mismo estilo y la esencia de recordar y celebrar la vida de los ya trascendidos.

Otra tradición, son las calaveritas literarias. Versos y rimas que se burlan de la muerte o “Catrina”. Estas, fueron creadas después del virreinato por escritores que hacían una crítica social.

Diego Rivera fue el creador de “La Catrina” como la conocemos, a través de una crítica a la aristocracia mexicana en la que pintó a una calavera vestida en su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”.


El ritual realizado en el Día de Muertos en México fue catalogado en el 2008 por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.


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