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Cuando la muerte nos rompe el corazón

Cuando la muerte nos rompe el corazón

Hay quienes dicen que lo único que tenemos seguro en esta vida, es la muerte. Todos sabemos que algún día las personas que amamos y nosotros mismos vamos a partir, aún así, nunca estamos preparados.

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Hay quienes dicen que lo único que tenemos seguro en esta vida, es la muerte. Todos sabemos que algún día las personas que amamos y nosotros mismos vamos a partir, sin embargo, nunca estamos del todo preparados.

La ausencia de un ser amado es muy dolorosa. Cuando la despedida inminente llega, después de un largo sufrimiento, sigue siendo pesado y es difícil dejarlo ir. Nos duele decir adiós, pero sabemos que él parte hacia la luz y termina con el calvario del dolor físico.

Pero cuando la partida es repentina e inesperada, el shock no se puede describir, el golpe al corazón es enorme y la resistencia a creerlo se torna en un dolor y enojo, difícil de explicar.

En mi experiencia personal, perder a mi padre fue muy doloroso. Me dolía profundamente ver llorar a mi madre a su amado esposo y no encontrar las palabras exactas para ayudarla y a la vez, ayudarme a mi misma.

Hace unos días en un servicio funerario escuché decir a un pastor: “Cuando pierdes a tus padres, quedas huérfano; si pierdes a tu pareja, eres viudo; pero cuando pierdes un hijo, no tiene nombre”. Estas palabras asaltaron mi corazón e inmediatamente nació de mi, pedir por aquellos que han perdido a un ser querido, en especial a los que han perdido a un hijo.

La manera de superar la perdida de mi padre, fue aferrándome a mi fé y sabiendo paso a paso, lo que iba a vivir después de la pérdida. En mi búsqueda de sanación emocional, encontré esta información de la experta en duelo Elisabeth Kübler-Ross:

Primera etapa del duelo: La Negación

Cuando una persona se entera de la enfermedad terminal o muerte de un ser querido, su primera reacción es negar la realidad de esta noticia devastadora.

La negación consiste en el rechazo consciente o inconsciente de los hechos o la realidad de la situación. Este mecanismo de defensa busca amortiguar el shock que produce la nueva realidad para sólo dejar entrar en nosotros el dolor que estamos preparados para soportar. Se trata de una respuesta temporal que nos paraliza y nos hace escondernos de los hechos.

Segunda etapa del duelo: La Ira

Cuando ya no es posible ocultar o negar la muerte, comienza a surgir la realidad de la pérdida y su consecuente dolor.

Si bien los sentimientos de enojo estarán presentes con distinta intensidad durante todo el proceso de duelo, la ira toma el protagonismo dirigiéndose este enojo al ser querido fallecido, a nosotros mismos, a amigos, familiares, objetos inanimados e inclusive a personas extrañas.

Tercera etapa del duelo: La Negociación

En esta etapa surge la esperanza de que se puede posponer o retrasar la muerte de la persona moribunda.

La etapa de negociación puede ocurrir antes de la pérdida, en caso de tener a una familiar con enfermedad terminal, o bien después de la muerte para intentar negociar el dolor que produce esta distancia. En secreto el doliente busca hacer un trato con Dios u otro poder superior para que su ser querido fallecido regrese a cambio de un estilo de vida reformado. Este mecanismo de defensa para protegerse de la dolorosa realidad no suele ofrecer una solución sostenible en el tiempo y puede conducir al remordimiento y la culpa interfiriendo con la curación.

Cuarta etapa del duelo: La Depresión

En esta cuarta etapa el doliente comienza a comprender la certeza de la muerte y expresa un aislamiento social en el que se rechaza la visita de seres queridos.

Se siente tristeza, miedo e incertidumbre ante lo que vendrá. Sentimos que nos preocupamos mucho por cosas que no tienen demasiada importancia mientras que levantarse cada día de la cama se siente como una tarea realmente complicada. Estos sentimientos muestran que el doliente ha comenzado a aceptar la situación.

Cuarta etapa del duelo: La Aceptación

Es el momento en donde hacemos las paces con esta pérdida permitiéndonos una oportunidad de vivir a pesar de la ausencia del ser querido.

El doliente llega a un acuerdo con este acontecimiento trágico gracias a la experiencia de la depresión. Esta etapa no significa que estamos de acuerdo con esta muerte sino que la pérdida siempre será una parte de nosotros. Este proceso nos permite reflexionar sobre el sentido de la vida así como lo que queremos de la vida a partir de ahora.


En un devocional diario que mi hermano nos comparte decía esto que me agradó:

Sólo se vive una vez, pero si sabes hacerlo bien, es suficiente.

El paso por esta vida es un parpadeo en la eternidad del universo, debemos perdonar, amar más, vivir felices en armonía con tu espiritualidad. Un día nos tocará el turno y debemos estar preparados para partir.


Irma Salazar
Irma Salazar
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